Elena tenía 62 años, cansada de trabajar durante más de dos décadas en un almacén donde acomodaba paquetes para enviar a diferentes destinos, un día fue a pasear a una plaza con quiosco donde se compró un helado y se sentó a ver pasar a la gente. De repente se acercó a ella una joven con un micrófono en la mano y una sonrisa en el rostro.
—¡Buenas tardes Sra.! —saludó la chica—. Mi nombre es Andrea Planbé y estoy haciendo una pregunta a varias personas en este lugar, ¿podría apoyarme? La grabaríamos y sacaríamos el video en unos días en una plataforma popular llamada Tiki Toki.
—No me da confianza eso del video —dijo Elena dudosa—. Podrían cambiar mis palabras, estafarme o…
—Sé que vivimos en tiempos de mucha desconfianza señora… perdón, no pregunté su nombre.
—Soy Elena —se limitó a decir la entrevistada.
—Señora Elena, sé que vivimos en tiempos de mucha desconfianza —continuó Andrea con amabilidad—, pero mire, le muestro mi canal y los videos que hemos hecho mis compañeros y yo —Andrea señalo con la mano a su compañero Esteban que cargaba un micrófono y un aro de luz con largas extensiones y a Abraham con su cámara profesional y se los presentó a Elena—. Acabamos de terminar la carrera de Comunicación y este es nuestro proyecto final para podernos graduar.
—¿Cuál es la pregunta? —preguntó Elena aún desconfiada.
—La pregunta es muy sencilla —respondió Andrea— ¿Tiene un sueño que no haya cumplido aún?
—¿Un sueño…? —se preguntó Elena pensativa—. Bueno, ahora que lo pienso, sí —respondió—. Desde adolescente quise ser modelo de pasarela, pero tuve que empezar a trabajar para ayudar a mi familia. Después conocí a un hombre que me gustó, me enamoró y al poco tiempo, ¡Tonta yo!, salí embarazada. En fin, no realicé mi sueño.
—¿Y porque no hacerlo ahora? —preguntó Andrea—. De menos algo que tenga relación con su sueño.
—¡Uy no, mi niña! Tengo más de 60 años, eso ya no puedo hacerlo.
—Si nos permite, el objetivo de estos videos en nuestro proyecto final, es hacer esta pregunta y ofrecernos a hacer un plan junto con la persona entrevistada y apoyarla a lograr su sueño o armar algo similar para que no se sienta frustrada o defraudada de sí misma.
—Pero yo no me siento así —dijo Elena— estoy bien ahora, con mis hijos maravillosos y yo pues trabajando lo último para jubilarme.
—¿Me está diciendo que antes de la muerte y después de cierta edad la vida se termina? ¿Ya no hay sueños ni ilusiones que cumplir? —preguntó Andrea con curiosidad.
—No, pero creo que hay edades para cada cosa —respondió Elena—. Necesitas fuerza y cabeza para estudiar y aguantar movimientos.
—De acuerdo —dijo Andrea—. Pero si en este momento no existiera el límite de la edad, ni el dinero. ¿Por dónde empezaría su sueño?
—¡Mmm! Estudiando algo de modas —respondió Elena.
—Y seguro que puede encontrar algo cerca de su casa o en línea para no tener que transportarse todos los días! —sugirió Andrea emocionada.
—Seguro sí, aunque yo no sé manejar mucho la computadora —agregó Elena.
—¿Y por qué no empezar por ahí? —preguntó Andrea—, recuerde que los límites están en nuestra cabeza, nos los ponemos nosotros mismos. Si usted quiere ayudarnos a seguir con nuestro proyecto, nosotros le podemos ayudar a armar un plan y a conseguirlo.
Al final, Andrea, Esteban y Abraham, le ayudaron a Elena a armar un plan. Andrea subió el video en sus redes y a través de ellas ayudó a Elena a recuperar la emoción en su vida encontrándole una buena opción de estudio en modas.
El reto principal de Andrea era mostrar al mundo que la vida no se debilita a los 40 y no se termina a los 60’s como muchas empresas lo ven. Habrá limitaciones físicas, pero podemos adaptar nuestros sueños a nuestras posibilidades.
Andrea y sus compañeros obtuvieron su certificado y fue ¡Tan bien aceptado su proyecto! que siguieron ayudando a las personas adultas a encontrar el camino para lograr sus sueños con apoyo de la Universidad donde habían estudiado y del gobierno.
Elena se jubiló y terminó sus estudios, mientras comenzó a diseñar ropa y trajes de baño para adultos mayores. Alrededor de los 67 años organizó algunas pasarelas donde ella misma mostraba sus diseños. Contrató costureras con sueños en las modas para enseñarles trucos y enseñarles que los sueños se cumplen sin tener en cuenta la edad.
Y así como Elena, hubo decenas de adultos que lograron sus sueños o hicieron un plan “b” con el apoyo de Andrea y sus compañeros. Muchos de ellos se habían quedado sin trabajo y eran rechazados por las empresas por tener apenas 45 años. Otros se sentían vacíos y sin más motivación que ver a los hijos y a los nietos cuando les quedaba tiempo.
Sea la edad que sea, no te rindas por números como la edad y el dinero. Solo responde: ¿Tienes un sueño que no hayas cumplido aún?
Alejandra Castellanos
