Las Mentiras Despedazan Corazones

Parada frente a ese espejo especial, vi como había quedado mi corazón. Le costaba sostenerse entre mis venas y arterías. Un poco más al fondo podías notar las grietas y las heridas por las que se minaban pequeñas gotas de sangre provocadas por cada decepción con cada mentira.

—La primera vez fue muy dolorosa, no podía creerlo y no quería aceptarlo. El hombre que me juraba amor había sido capaz de herirme.

—No entiendo a qué te refieres con mentiras —se defendió Mitano, mi esposo—. Puedo estar distraído y no cumplir con algunas cosas en las que quedo, pero ¿mentir?

—¡Ahora ya no espero que lo aceptes! —respondí lastimada—. No comprendo por qué sigues haciendo eso, constantemente cambias de tema para justificarte, para cambiar la situación y salir yo misma culpable o desvías tu culpa a un tema completamente diferente. Esto es cansado, muy cansado.

—Bien, dame ejemplos de esas mentiras —pidió Mitano indignado—. Porque no lo acepto.

Sentí frustración al tener que explicarle a alguien que no quería darse cuenta de su manera de vivir, de que algo fuerte tenía en su cerebro que no le permitía ver que mentía inconscientemente para nunca perder, para no ser quien pide disculpas y para no tener que ser el malo o el que se equivocó.

—Cuando me dices que traerás lo que te pido del super y llegas sin nada, te pregunto que si se te olvidó y me mientes diciendo que no fuiste por el tráfico o porque no pasabas por ahí o cualquier otra mentira para salir de tu falta. Con cada cosa que se te olvida o en cada cosa que te equivocas mientes para justificar tu error.

—¡Esas no son mentiras! Te explico las razones —dijo Mitano molesto.

—La vez que llegaste tarde a nuestra cita, dijiste que te habían entretenido en una junta en la oficina, luego terminé siendo yo la culpable porque cambié el lugar un día antes y dijiste que eso te confundió.

—¡Pues primero dices un lugar y luego otro! —dijo Mitano alzando la voz.

Me quedé trabada de la desesperación. Cada información que tenía en mis manos, se la informaba a mi esposo. Claramente le había dicho que cambiaríamos el lugar de nuestra cita porque el que habíamos quedado al principio cerraría esos días por remodelación y le mandé la ubicación exacta del otro, pero él no aceptaría, ya ahí estaba moviendo el rumbo del tema hacia lo del cambio de lugar y yo había decidido evitar batallas para ahorrar mi energía.

“El resabio de la mentira que Mitano cargaba, le aconsejaba todos los días en su trabajo, en su matrimonio, con sus amigos, sus hermanos y siempre se salía con la suya, pues le ayudaba a desarrollar la habilidad de faltar a la verdad para evitar enojos y regaños; para evitar perder, para tener que aceptar cuando que se equivocaba.

El resabio de la mentira era un monstruito gris lleno de manchas, que se posaba en el hombro de Mitano durante el día y lo mantenía defendiéndose de una herida emocional de la infancia.

Mitano era el segundo de tres hijos, su madre siempre había resaltado los logros de su hermano mayor, cuando eran pequeños. A ese hermano le compraban ropa nueva y la madre se la pasaba a Mitano cuando ya no le quedaba a su hermano, por tanto, Mitano casi nunca estrenaba. Los logros de Mitano no eran tan elogiados porque “ya no eran novedad” como con el primer hijo, tanto el aprender a caminar, como lograr amarrarse las agujetas o el graduarse de la primaria, le fueron más festejados al primer hijo que al segundo.

Cuando nació la hermana pequeña, el padre de Mitano se había perdido de amor por ella, pues después de dos varones el hombre deseaba una niña y todo lo que se le antojaba a la pequeña se le cumplía.

La actitud de ambos padres era sin intención, cada uno había refugiado más la atención en un hijo en vez de dividirlo en los tres que tenían debido a sus propias heridas emocionales que cargaban de su infancia. Obviamente ignoraban el daño que le estaban ocasionando a su hijo de en medio, Mitano.

Cada vez que había una travesura, la madre justificaba a su hijo mayor y el padre a su hija menor, así que la mayoría de las veces Mitano era más reprendido que sus hermanos y todo  aquello abrió una pequeña herida en el niño, lo que le dio la oportunidad al resabio de la mentira a postrarse en el chico.

Mitano comenzó a mentir en la escuela para evitar castigos y para conseguir chicas, luego mentía a sus amigos para no perder en los juegos, por supuesto les mentía a sus padres para evitar castigos y a sus hermanos les mentía para conseguir lo que quería.

Todo aquello comenzó de una manera inocente, pero Mitano junto con el resabio de la mentira fueron creciendo al darse cuenta que funcionaba, el chico se sentía mejor cuando la gente aceptaba sus mentiras y lo felicitaban por algo o evitaba castigos o lo aceptaban en algún grupo, en algún equipo y hasta en una relación. Tapando, con esto, la inseguridad y el rechazo que sentía.

Mitano buscaba amor, caricias, aceptación, pero, sobre todo, constante reconocimiento. Lamentablemente no se conformaba con poco, necesitaba mucho de muchos y al llegar al principio de su matrimonio se sintió completo por un tiempo, porque tenía una pareja como la tenía su hermano mayor y sus amigos, pero al pasar los años, sentía que nada era suficiente”.

Como dije al principio, la primera vez fue muy dolorosa, el camino de mentiras fue haciéndose más largo y mi corazón se iba cuarteando cada que lo descubría, pero esta última fue la que me hizo ver en este espejo y darme cuenta cómo ha quedado mi corazón con tanto engaño.

Lo sentía distraído más de lo normal y empecé a sentirme insegura en nuestras conversaciones, en nuestras salidas y hasta con mi cuerpo, pues dejé de sentir que le atraía a mi esposo.

Un día le pregunté si me acompañaba a una reunión, aceptó con poco ánimo. A las 5:00 de la tarde ya estaba lista, sabía que él llegaría a las 6pm, como solía hacerlo. Comencé a alistar la bolsa que llevaría y no encontraba mis llaves, después de 20 minutos decidí buscarlas por la aplicación que tenía donde las ubicaba debido a un localizador que les había colgado, por alguna razón andaba muy distraída los últimos meses (ahora sé cuál era esa razón).

Me sorprendió ver que la aplicación me daba la dirección a 15 minutos de mi casa. Busqué en el mapa y vi que era un domicilio particular. Volví a buscar las llaves en la casa, en mi carro y nada, no me quedó de otra que dirigirme a donde decía la aplicación que estaban mis llaves.

En el camino no dejaba de preguntarme ¿cómo habían llegado mis llaves allá y dónde y cómo era que las había perdido? Iba demasiado distraída y ensimismada en el tema que casi choco en el camino.

Empecé a buscar la casa exacta cuando quedé en shock, no sabía si soñaba o era realidad, no sabía que sentir, no supe qué hacer, solo busqué donde estacionarme sin perder de vista lo que acababa de descubrir. Acomodé el carro justo enfrente de la calle, no me acordé de apagarlo, observé bien las placas.

Era el carro de mi esposo Mitano, estacionado fuera de la casa que me indicaba la aplicación. En ese momento apenas pude recordar que un día antes habíamos salido a la farmacia juntos y había olvidado las llaves en su carro, él las tenía ahí.

Pasaron aproximadamente 5 minutos y yo no pude decidir si bajarme para ver con quien estaba dentro de esa casa o esperar a que saliera o marcarle y preguntarle donde estaba a ver qué se inventaba. Seguía impactada, preparé mi teléfono para grabar, cuando vi que abrieron la puerta y mi reacción fue esconderme, detrás de él salía una mujer y sentí que mi corazón se quebraba en pedacitos.

Mitano se despidió de ella con un beso en la mejilla y se dieron un pequeño abrazo, se alejó y antes de abrir la reja, volteó para decirle a ella otra cosa que no alcancé a oír, salió y muy tranquilo se subió a su carro, ella se quedó en la puerta. Cuando él arrancó ella se metió y cerró la puerta. Ninguno de los dos me vio, yo me quedé llorando, mientras rechazaba las llamadas que me hacía mi esposo. Casi aviento el teléfono cuando recibí su mensaje diciendo: “Ya estoy listo en casa para ir a tu reunión, mi amor”.

La razón podía ser cualquiera, aburrimiento, incomprensión, falta de atención, incluso podían ser más de una razón, pero no había una sola que justificara engañar y lastimar a su esposa de esa manera. Ninguna persona honesta, como yo había sido con él los años de matrimonio que llevábamos, merecía lo que él me estaba haciendo en ese momento.

Las personas que mienten tanto y que les cuesta aceptar su propia verdad, se molestan cuando las descubres, niegan todo hasta el último momento por miedo a ser juzgadas o por ser personas frías y sin empatía. Intentan cambiar de tema o justifican sus actos, son capaces de terminar culpándote por invadir su privacidad cuando en realidad está también es parte de tu vida.

Y así fue como actuó Mitano, y yo dolorosamente descubrí estas características en él cuando ya estaba afectada. Después de no tener remedio y aceptar que se había equivocado, me juro que me amaba, que no quería perderme y me explicó que sólo era una buena amiga a la que le contaba sus problemas y de la que recibía consejos y apoyo. Por obvias razones, no pude creerle toda su historia.

Le pedí que consultara a un terapeuta, le dije de la mejor manera que yo estaba herida, que la confianza se había perdido y qué él necesitaba sanar para evitar seguir con las mentiras, evitar que siguiera hiriendo a más gente y evitar que pudiera quedarse solo.  Lo intentó solo unos meses, luego decidió soltar la batalla y quedarse con la comodidad de sus habitos.

“El resabio de la mentira ya era grande y fuerte, así que este monstruito se pudo agarrar fuerte del hombro de Mitano para que éste no lo debilitara al recibir ayuda terapeutica.

Se necesitaba de tiempo y dedicación por parte de Mitano para que el cambio pudiera darse, porque el resabio de la mentira iba a defenderse y luchar para que el chico siguiera con su herida de la infancia y por supuesto que siguiera mintiendo”.

Yo tuve que sanar por mi parte. Recuperar la confianza en los demás y en mí misma. Tomé mi corazón con mucha delicadeza, dedique el tiempo necesario para sanarle cada herida y me aleje de Mitano para que sus mentiras jamás volvieran a hacerle daño.

Pasados algunos años me enteré que Mitano tuvo un par de parejas más y que lo habían dejado por el mismo tema. Mirándose solo, comprendió que necesitaba ayuda, aunque no sintiera la necesidad. Para él era importante estar acompañado, así que volvió a intentar para tratar su problema de la mentira y no sé si funcionó o no, pero volvió a casarse y esta vez con su terapeuta.