Hazlo por ti

¿Hasta dónde inflar el miedo?

La respuesta a la pregunta ¿Quién te gustaría que dominara, el bien o el miedo? Seguramente sería “el bien”, pero si esa es la respuesta ¿Por qué no luchamos para que sea así?

—¿Crees en ti? —preguntó Segu a su hijo de siete años.

—No —respondió Insegu—.  Creo más en ti.

—¿Por qué creerías que yo puedo y tu no? —preguntó de nuevo Segu.

—Porque tu altura y tu fortaleza —respondió Insegu—, por tu energía y tu sabiduría.

—¿Sabes que vas a crecer y vas a aprender mucho, cierto? —continuó preguntando Segu—. Deberás dejar de preocuparte y concentrarte en avanzar. Hoy no te compares conmigo, si crees que hay alguien que gane esa carrera, cree que ese alguien eres tú.

—Es que siento que el miedo me abraza y no me deja ir —exclamó Insegu a punto de soltar el llanto.

—Tú tienes más poder que el miedo —dijo Segu a su hijo—.  Ese poder se llama coraje, no dejes que el miedo te lo arrebate. Sé valiente y constante en lo que sea importante para ti, descubrirás un día que estas actuando con valor y todo va ir llegando con naturalidad.

A Insegu lo seguían los sueños y los retos de cualquier niño, así como el hecho de que fuera muy delgado, estatura baja y una vista estropeada. Y la pesada rutina de que en su escuela lo mandaban por los dulces y lo aventaban, según sus compañeros, “bromeando”. Lo cual, obviamente al niño no le gustaba, pero sentía imposible defenderse porque todos eran más altos y fuertes que él.

—¿Tu qué dices papá? —preguntó Insegu al aire.

—Digo que podrás hacer lo que desees sin importar tu edad, ni tu altura, ni tu condición, ¿entiendes?

—¿Cómo? Si ya he caído varias veces y es vergonzoso.

—Bueno pues te aconsejo que solo cuentes las veces que te levantas y vuelves a intentarlo, esas te darán más fuerza.

Insegu entonces llenó la hoja para competir en las carreras de velocidad de su escuela, los tres primeros lugares ganaban un lugar en el equipo de fútbol y eso era lo que soñaba el niño, estar en ese equipo y ser de los mejores.

Durante la carrera Insegu corrió y corrió lo más rápido que le daban las piernas, pero a la mitad del camino su cuerpo iba tan inclinado adelante que tropezó y calló haciéndose varios raspones y moretes.

Por su puesto, sus compañeros que ya estaban en el equipo de futbol y habían ido a ver la cerrera, carcajearon hasta que les dolió la panza.

Insegu se levantó furioso y avergonzado, sabía las burlas que le venían de sus compañeros en las semanas siguientes y el abuso que acarreaba el evento de ese día. Furioso corrió hacia la salida de la escuela y no se detuvo hasta llegar a su casa.

—No siempre vamos a conseguir lo que queremos en el primer intento hijo, aunque de igual forma nos ayuda para valorar más cuando lo consigamos. La idea es no desanimarse por lo que opinan los demás —le decía Segu a su hijo cuando éste despertó inquieto.

—No tienes idea de cómo son mis compañeros — dijo Insegu enojado.

—Recuerda que el que se ríe de ti o te desanime es porque tiene más miedo que tú. Insegu, los conocimientos son útiles, pero el entrenamiento es la clave principal para vencer el miedo. ¡Ya empezaste con un acto que ahorita ves enorme, pero poco a poco lo verás pequeño! También te darás cuenta de cómo avanzarás hasta conseguir lo que deseas.

Insegu salió a correr varios días a la semana al parque durante un año y se inscribió a la siguiente carrera. Fue de los últimos que llegó a la meta.

—Ve el avance, evita ver a los demás, tú eres único, esta es tu historia, vete a ti mismo. Haz a un lado la desesperación y cree en ti, así como crees en mí —decía Segu—. ¿Qué hiciste diferente?

—No me caí —respondió Insegu desanimado— y llegué a la meta —lo dijo más animado.

Insegu leyó sobre futbol, preguntó a su profesor de educación física y mejoró su alimentación sin dejar de correr cinco días a la semana en el parque. Después de otro año, ya estaba listo para otra carrera. No quedó entre los tres primeros, pero fue más veloz que muchos.

“Ve el avance, esta es tu historia… ¿Qué hiciste diferente?”

—Aparte del avance en la carrera —respondió Insegu recordando las frases de su padre— me han dejado en paz mis compañeros. Ya no me mandan a comprarles sus cosas, ni me faltan al respeto, ahora me saludan y me animan de verdad.

Insegu persistió con su entrenamiento, claro como todo niño, de vez en cuando se permitía la comida chatarra, pero cuidándose la mayor parte el tiempo. El sentimiento de apoyo de su padre lo animaba constantemente.

En su cuarta carrera, cuando tenía 10 años, desde el inicio hasta el final Insegu corrió con aquella seguridad que el tiempo y las experiencias pasadas le habían dado, mientras corría notó el resultado de haber cuidado su alimentación y persistir en el entrenamiento en su cuerpo. Era más alto y veloz y así fue como lo logró y llegó en primer lugar.

Después de los aplausos, de las felicitaciones de sus compañeros, las de su madre, de su hermano pequeño y del entrenador; Insegu pidió a todos que desde ahora le llamaran Segu, como su papá.

Y ya en la noche, acostado en su cama, recordó a su viejo tormento, el miedo y a su verdadero entrenador, su padre, que, a través de una carta escrita poco antes de morir de una enfermedad, le decía cómo vencer a ese monstruo que se apodera de nuestra valentía, por tanto, de nuestros sueños.